Mi regreso estaba signado, aún antes de irme.
Es que esa es la fuente hacia la cual emana y se desprende la teoría del retorno. No voy a agregar las clicheadas palabras de "eterno" a -retorno, porque, como yo sostengo, en algún plano, todo lo que hacemos es eterno.
Cuando volví a la Paz le puse un freno a la escalada de descubrimientos geográficos y culturales. No porque mis recursos estuvieran agotados, sin porque escuche el "Ya Esta".
Es como un click emocional que retumba en los tímpanos de los dispuestos a oír. Sensación descontracturante como pocas. Como la bandera a cuadros de Cuzco, de la noche Aymara que nos invita a decir, con voz aspera, "a dormir".
Por ello este es un escrito sin sentido y sin luces. Porque si el final de mi diario fuera brillante, claramente el viaje hubiera sido una porquería calamitosa.
¿Por que? Por la lógica lautarense comprendida en que toda historia cuyo final es más grande y pretencioso que el medio o nudo, levanta mis serias sospechas.
Tal como en matemática me copiaba el resultado de Eze, cuando me preguntaban el camino, mi respuesta no existía.
Porque yo no lo había recorrido.
Los imperativos instantes de enormidad que viví no pueden ser enfrascados en una frase, una línea, ni siquiera en una imagen.
Es la primera vez que tacho una frase desde que comenzó el viaje. Debe ser porque palabras sobre el ya no hay mas. Letras tampoco. Ya sonó la Banda Sonora, Ya explotaron los parlantes.
(En Ezeiza se apagaron las turbinas. Y yo pensé que mi viaje finalizaba...pero...)
...
Jardín Zoológico, sentado, con una moneda en mano y decidiendo sobre mi futuro académico, en el mismo lugar donde seguramente, 15 años antes, me sentaba a esperar a que mi abuelo estacionara el Chevy. Entonces recordé que...
...
Y Cierro los ojos y escucho como el Aire me explica suavemnte que ya me vio, que ya me conoce.
Y Cierro los ojos y veo frente a mi el ruido abrumador, lleno de presión del andamiaje bajando sus compuertas.
Y me agarro fuerte para ver a Irina, a Massimo, a las 3 cascadas, a Benoit el Franchute, a las chicas de La Plata, a la sueca violadora, a las limeñas, a Jahir, al sol del Titicaca, a las luces de la Paz, a Cuzco, a Cuzco, A Ollataytambo (o como se escriba, que se sienta) a Cuzco, A Rami, A Machu Pichu, A Arequipa, A Desaguadero, A la Paz, A la Paceña, a la Merca Trucha, Al Valle de la Luna, Al vago Enfermo, pero Dios Linyera de Copacabana.
Y me agarro fuerte para verme a mi.
Las ruedas rozan y se agarrapatan como abrojo a la pista de Ezeiza.
Y nada nunca será Igual...
Inicio (Sic)
Día 1 (o las cacerolas gigantes con luces y ciudades)
Podría dar vuelcos y tomas, revuelos y zonas. Pero la verdad, es que el primer día fue con ella.
La encontré en Ezeiza...
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