La noche encerraba un alplax con sorpresa. La pulcritud de una sabana predispuesta a hacerte sentir bien. Las nimiedades de un viaje conceptual quedaban muy atrás. Tal vez demasiado.
Una promesa cumplida a mi y al turco (este si, chileno pero no conceputal) nos empujo a un hostal ubicado en las calles de una antigua ciudad, recoveca, experimental, Inca y algo más. Ciudad (¿ al fin ?). Caminar con el sol por las puestos que enloquecen, caminar, con el ser, por las calles limpias llenas de policía. Caminar y creer que existe. Creer que Inti es ladrillo colonial, con cielos sin calor. Todos son un mismo color. Todas tienen una misma intención. Y a todos nos va a envolver
El suelo emputecido por tanta ablación. El cielo de ese suelo, ennegrecido por la traición. Una herida que no cierra, tanta destrucción, por tanto oro, en forma de odio y progreso.
Tanta violación, tanta memoria de estertor. No cenar, solo caminar. No correr, solo imaginar. Sentir callar y solo solo adorar.
Simplemente Adorar.
Gringo's super estar, cuarteto, bebidas y a cantar, hoy todos a encarar, a conquistar. Un taxi, hasta y otro hasta allí. Mucho por aquí y mucho por allá
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Cuzco se convirtió en una alegría, y al no diferenciar los días, las compañías y las notas en mi cabeza. Solo vuelo su alteza. Skatalite my soul, bring me up the hill.
Wait me up, yes, ho, ho wait me up.
Spliting the anthem
(Separando nuestro himno)
Queriendo correr no se puede vivir. Pero se llega acá. Cuando el mundo dura 1 hora de ida y una hora de vuelta. Cuando el paisaje tiene estaciones, con combinacioes, y los amaneceres son con luces de bolivia.
Y entonces yo te encontre. Y tenia alguien que me secundaba
Solos, No paga demasiado. Apunados, por apurados, tampoco.
Cuzco, en algún momento de ese largo día de 168 horas
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